Japón · Bogotá · Cúcuta
No hemos cambiado una sola proporción de nuestra receta desde que aprendimos el arte del ramen de nuestros maestros en Japón. Porque la prisa es el único enemigo de lo excepcional.
No somos un restaurante de moda.
Somos una obsesión por el tazón perfecto.
En 2016, en un viaje que cambiaría nuestras vidas, conocimos a la familia Kitamura en Fukuoka. Allí aprendimos los secretos de un caldo tonkotsu que se mantiene vivo con fuego constante y fideos hechos a mano con trigo seleccionado. Hoy, esa misma pasión y respeto por la tradición nipona reside en Ramen Bar Tomodachi en Cúcuta.
El auténtico ramen japonés no es solo comida; es una ceremonia de paciencia and dedicación. Cada tazón que sale de nuestra cocina es el resultado de caldos cocinados por más de 18 horas ininterrumpidas, fideos elásticos hechos con precisión y chashu marinado con una receta secreta. Uniendo la tradición japonesa con el alma local de nuestra tierra colombiana. No hay atajos. Nunca los hubo.
Cada capítulo, una decisión que definió quiénes somos hoy.
Durante un viaje familiar a Bogotá, los Mendoza probaron el ramen de Tomodachi y quedaron cautivados por su sabor y la historia de Tomo. Allí nació el sueño de llevar esa magia a Cúcuta.
Con la bendición de Kumiko y meses de aprendizaje, abrimos nuestro pequeño local en el barrio. Las primeras cucharadas de Shoyu Ramen corrieron como promesas cumplidas.
La comunidad nos eligió como el mejor ramen del oriente colombiano. Los viajeros empezaron a desviarse a Cúcuta solo para probar nuestro caldo.
Tomodachi Cúcuta es ya un punto de encuentro para los amantes del ramen y las historias de amistad. Seguimos cocinando con el mismo fuego lento que unió a dos culturas en un plato.
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Hay restaurantes que fabrican comida. Nosotros fabricamos convicciones. Estos son los tres principios que guían nuestro arte en cada tazón de ramen.
Cada cuenco se cocina con la misma lealtad que Tomo, nuestro Akita, le entregó a su dueño. Aquí el ramen no se sirve, se comparte.
Respetamos las recetas milenarias de Kumiko Kitamura, pero las abrazamos con el calor y los productos frescos de la frontera colombiana.
Nuestros caldos hierven por horas, los fideos son artesanales y cada plato llega a la mesa como un abrazo cálido en un día de lluvia.
Donde el caldo guarda secretos de lealtad y cada sorbo es un pacto de amistad.Conoce nuestro arte →